jueves, 30 de julio de 2009

UN SABIO LLAMADO CABRAL


No caigas en lo que cayó tu hermano, que sufre por un ser humano, cuando en el mundo hay 6.400 millones

No es tan malo vivir solo. Yo me lo paso bien decidiendo a cada instante lo que quiero hacer y gracias a la soledad me conozco.

No caigas en lo que cayó tu padre, que se siente viejo porque tiene setenta años, olvidando que Moisés dirigía el Éxodo a los ochenta y Rubinstein interpretaba como nadie a Chopin a los noventa.

No estás deprimido, estás distraído. Por eso crees que perdiste algo, lo que es imposible, porque todo te fue dado. No hiciste ni un solo pelo de tu cabeza, por lo tanto no puedes ser dueño de nada.

La vida no te quita cosas: te libera de cosas, te alivia para que vueles más alto, para que alcances la plenitud.

De la cuna a la tumba es una escuela; por eso, lo que llamas problemas, son lecciones. Y la vida es dinámica. Está en constante movimiento. Por eso sólo debes estar atento al presente. Mi madre decía: “Yo me encargo del presente, el futuro es asunto de Dios”.

No perdiste a nadie: El que murió, simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además, lo mejor de él, el amor, sigue en tu corazón.

¿Quién podría decir que Jesús está muerto? No hay muerte… hay mudanza. Y del otro lado te espera gente maravillosa: Gandhi, Miguel Ángel, Whitman, San Agustín, la Madre Teresa, tu abuelo y mi madre, que creía que la pobreza está más cerca del amor, porque el dinero nos distrae con demasiadas cosas y nos aleja, porque nos hace desconfiados.

No encuentras la felicidad, y es tan fácil, sólo debes escuchar a tu corazón, antes que intervenga tu cabeza; que está condicionada por la memoria y complica todo con cosas viejas, con órdenes del pasado, con prejuicios que enferman, que encadenan, la cabeza que divide.

Haz sólo lo que amas y serás feliz. El que hace lo que ama, está condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar, porque llegará, naturalmente.

No hagas nada por obligación, sino por amor. Debes hacerte libre y feliz. Después podrás compartir la vida verdadera con los demás. Recuerda a Jesús: “Amarás al prójimo como a ti mismo”.

Reconcíliate contigo, y decide ahora mismo ser feliz, porque la felicidad es una adquisición. No algo que te llegará de fuera. Además, la felicidad no es un derecho, sino un deber.

Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la Tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Tenemos para gozar la nieve del invierno y las flores de la primavera, el chocolate de la Perusa, la baguette francesa, los tacos mexicanos, el vino chileno, los mares y los ríos, el fútbol de los brasileños…

Las Mil y Una Noches, la Divina Comedia, el Quijote, el Pedro Páramo, los boleros de Manzanero y las poesías de Whitman; la música de Mahler, Mozart, Chopin, Beethoven; las pinturas de Caravaggio, Rembrandt, Velázquez, Picasso y Tamayo, entre tantas maravillas.

No estás deprimido, estás desocupado, ayuda al niño que te necesita, ese niño será socio de tu hijo, ayuda a los viejos y los jóvenes te ayudarán cuando lo seas…

Además, el servicio es una felicidad segura, como gozar de la naturaleza y cuidarla para el que vendrá. Da sin medida y te darán sin medida.

Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas. El bien es mayoría, pero no se nota porque es silencioso. Una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye, hay millones de caricias que alimentan la vida.


2 comentarios:

fgiucich dijo...

Mi ilustre compatriota. Abrazos.

Vanessa dijo...

Esa vitalidad es una lección de vida.
Yo añadiría, acepta lo que te viene dado y que no depende de tí, no añadas dolor a los dolores normales de la vida.
Encantada de encontrarte, Vanessa